Ver Alejandro Magno: 2004 !exclusive!

Oliver Stone se propuso algo más grande que una simple película de espadas y sandalias. Quería explorar la bisexualidad del conquistador, sus dilemas existenciales, su relación edípica con su madre y su obsesión por llegar a los confines del mundo. Stone buscaba una introspección freudiana en medio de la sangre y el polvo de batalla. ¿El resultado? Una cinta desmesurada, poética, violenta y, para muchos, incomprensible en su momento. Para entender la relevancia de buscar ver Alejandro Magno 2004 hoy, hay que entender su contexto. La crítica estadounidense fue despiadada. Se burlaron de los acentos irlandeses de los actores interpretando a griegos, de la melancolía constante de Alejandro (Farrell parece estar a punto de llorar la mitad de la película) y de una narrativa que saltaba en el tiempo de forma constante.

El público esperaba Gladiator (2000): acción lineal, héroe estoico y venganza clara. En cambio, Stone ofreció un héroe lloroso, con tendencias divinas, que besa a su amante y que cuestiona la barbarie de su propia conquista. La película original de 2004 (versión de cine) fue un montaje problemático de 2 horas y 55 minutos que sentía que le faltaba carne en el hueso. ver alejandro magno 2004

Una obra fallida fascinante. Un desastre glorioso. Un Alejandro Magno que merece ser visto, o más bien, redescubierto. Oliver Stone se propuso algo más grande que

No esperes la película perfecta. El acento irlandés de Farrell sigue siendo un actor que no logra del todo su objetivo final. El guion tiene diálogos grandilocuentes que rozan lo ridículo. Pero en sus mejores momentos (el plano final de Alejandro desmontado a caballo, la muerte de Hefestión, la conquista de la espada de Aquiles), Alexander alcanza una altura poética que ninguna otra película del género ha vuelto a intentar. ¿El resultado